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Opinión

Circo, Academia y Teatro. Fraude y simulación en la “Maestría de Derecho Energético” de la Universidad Autónoma de Nuevo León

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¿Por qué habría de interesarnos los berrinches de una profesora frustrada y engañada? Esta Maestría es parte del Programa Estratégico de Formación de Recursos Humanos, respaldado por el Gobierno federal y se financia con fondos públicos.

A los grandes alumnos de la UANL,

Que los hay.

Quiero escribir la columna más triste esta noche; y que Neruda me perdone por tan vulgar paráfrasis. Pero hay algo de justicia poética en lo que voy a decir. Justo la semana pasada [la tercera de mayo] terminaba un análisis crítico sobre el llamado “Programa Estratégico de Recursos Humanos en Materia Energética”, que publicará el Centro México de Rice University, cuando al mismo tiempo por fin las autoridades de la Maestría de Derecho Energético de la mentada Universidad confesaron haber alterado mis calificaciones para facilitar el egreso de algunos alumnos de una calidad académica indescriptible, por ínfima. En mis casi 25 años de docencia jamás había visto un grupo de adultos menos interesados en el conocimiento y más codiciosos de un titulito de “Maestro en Derecho Energético” que supongo ellos piensan los hará millonarios por lo que en su momento prometía ser un boom petrolero. También por justicia, debo reconocer que tuve una minoría de alumnos espléndidos, trabajadores, respetuosos y con la curiosidad intelectual necesaria para penetrar un sector de una riqueza y complejidad inconmensurables. Pero fueron los menos. Y por ellos escribo la columna más triste esta noche.

Mi verdad sea dicha, la calidad de la mayoría del alumnado fue descorazonadoramente mala, tanto dentro del salón como en su desempeño en las evaluaciones. Salvo las ya mencionadas excepciones, leer un texto para preparar una discusión a nivel postgrado era considerado por muchos como una excentricidad desconocida. Y aunque el ingreso el programa lo requería, muchos no tenían siquiera un nivel de comprensión básica del inglés, lo que hacía imposible que conocieran la literatura internacional sobre el sector energético. Para muchos no había industria fuera de Nuevo León, con la excepción de Coahuila –tal vez.

Así comenzó el derrame de tinta roja. Al leer las evaluaciones, la bondad de mis ojos no pudo sustituir mi rigor académico. Recuerdo en particular una pregunta y una respuesta de una alumna de la que no me puedo reponer, aun pasado un año desde ellas. A la pregunta: ¿por qué fue necesaria la reforma de 2013? Dicha alumna respondió, verbatim, “por el fracaso de la reforma penal”. Eso es lo que un amigo llamaría el non sequitur, del non sequitur, del non sequitur. Hoy esa alumna ya terminó los cursos y tendrá su título, inmerecidamente, supongo.

Lo más extraño sucedió cuando, a pesar de haber ametrallado a casi una generación entera con calificaciones reprobatorias, los alumnos actuaban con total parsimonia, lo mismo que las autoridades. Por otra parte, las actas en donde debía registrar mis calificaciones nunca me fueron enviadas a pesar de varios correos que le envié al entonces coordinador de la Maestría, un tal Rodrigo Alanís Lambretón. Cuando a Alanís, quien ya había alterado mis calificaciones se le acabaron las excusas (la tardanza de Rectoría, la ausencia de la secretaria y la ineficiencia de DHL) y comencé a ejercer presión por todos los medios a mi alcance, me buscó Óscar Lugo, el director de la Facultad Derecho y Criminología, quien primero me dijo que no tardarían en mandarme las actas, luego que no era tan fácil mandármelas porque era un trámite complicado en Rectoría y luego llegó a reconocer que no me las habían mandado porque las “actas estaban incompletas”. ¿Incompletas? Si yo no las había llenado. Esas actas tendrían que estar intactas, no “incompletas”. Fue entonces que me convencí de que alguien había alterado mis calificaciones. Y si, tras tocar algunas puertas, de gente muy decente que se prestó a ayudarme a esclarecer este fraude, finalmente, el viernes 20 de mayo, el doctor Óscar Lugo me llamó para confesar que Alanís había alterado mis calificaciones, en complicidad con los alumnos reprobados. Fina manera de comenzar la formación de abogados del sector energético.

Algunos de ustedes de preguntarán, ¿por qué habría de interesarnos los berrinches de una profesora frustrada y engañada? Verán: esta Maestría es parte del Programa Estratégico de Formación de Recursos Humanos, respaldado por el Gobierno federal, y recibe fondos de la misma índole para su financiamiento. Sin pelos en la lengua, puedo decir que mi país no tiene por qué financiar una simulación tan execrable. Aún no sé qué montos de recursos federales ha recibido ese programa pero tengo el derecho y la intención de saberlo. Así que, en estos días, ya me las ingeniaré para ingresar mi solicitud de acceso a la información para saber cuánto dinero bueno hemos invertido, al menos a mi juicio, en elementos malos. Si el Gobierno federal cacarea la “máxima transparencia” pues entonces no tendrían de qué molestarse sino, en cambio, ungirme de gloria.

Otra cosa que me preocupa es la señal que finalmente mandamos al mercado sobre el valor de nuestro capital humano. Debe uno ser muy ingenuo –o de plano insustancial– para negar que el mercado, además de ser a veces inteligente, es brutal. Tras haber trabajado muchos años con empresas energéticas, no he conocido negocio más intolerante a la incompetencia que el energético, por las cantidades e intereses involucrados. Tuve la suerte de ser la asesora externa de una de las empresas petroleras más poderosas del mundo, y durante los seis años que tuve la fortuna de serlo, a lo que más le temía era a mi propia incompetencia, a mi ignorancia de las prácticas internacionales, a mi provinciana noción de un sector energético cerrado por haberme formado en él. ¿Qué hice para calmar mis temores? Muy sencillo: estudié. Estudié mucho. Estudié más. Así que aquí sí aplica el Darwinismo energético. O evolucionas o te extingues, con o sin tu titulito.

Otra preocupación, y tengo muchas más, es lo que dice esta experiencia sobre nuestra noción de Estado de Derecho. Una facultad de Derecho y Criminología cuyos docentes y alumnos se coluden para cometer fraude es un síntoma de algo mucho más grave. Al comenzar mi batalla, algunos amigos me advirtieron que quemaba pólvora en infiernillos. Sin embargo, yo estoy convencida de que sobre esta cultura de ilegalidad, sobre este estercolero, se edifican las Casas Blancas. Por eso no bajo, ni bajaré los brazos.

Óscar Lugo me ha dicho que Alanís pasará por la Comisión de Honor y Justicia de la UANL para ser juzgado y sancionado. Soy tan escéptica que no creo ni en mi propio escepticismo (Adolfo Bioy Cazares dixit). Sospecho que le darán una nalgada y que luego esas mismas manos le pondrán talco al malcriado para que no le arda tanto. También estoy a la espera de lo que resuelva el CONACYT en cuanto al financiamiento de la Maestría. ¿Podría quedar esto impune por los compromisos políticos que hubiere de fabricar títulos en serie? Eso no lo sé. Los hechos hablarán por sí mismos. Continuará…

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SOBRE EL AUTOR:

Notas del inframundo

Es criatura del inframundo, donde escribe libros y artículos sobre el sector energético, y además es consultora de empresas energéticas chicas, medianas y gigantes, públicas y privadas. De igual forma es académica asociada del Centro México del James Baker III de Rice University, y profesora externa del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). El tiempo que le queda libre, si le es posible, anda con sus perras y a caballo.

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