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Opinión

¿De dónde vendrá la competencia a las empresas energéticas?

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LA TECNOLOGÍA, ASÍ COMO LOS CAMBIOS CULTURALES, CREAN NUEVAS REALIDADES DE NEGOCIO EN TODOS LOS ÁMBITOS PERO EL ENERGÉTICO RESULTA UNO DE LOS MÁS AFECTADOS.

En Alemania se consideraba tender acciones de las empresas eléctricas como la inversión de las abuelitas: los dividendos anuales eran constantes y el valor de las empresas aumentaba un poco más allá de la inflación. Sin embargo en los últimos 10 años estas empresas han perdido la mitad de su valor y se han visto forzadas a disminuir sus reparto anual. ¿Qué ha causado un cambio tan radical? Básicamente los cambios introducidos por la Energiewende, la profunda transformación energética alemana, que al fomentar el uso de energías renovables cambió drásticamente la forma de hacer negocios. A pesar de que los teutones no cuentan con radiación solar que permita retornos rápidos en las inversiones fotovoltaicas se impulsó de varias formas su utilización, en gran parte en energía distribuida, aunado a los grandes parque eólicos tanto en tierra como en el mar. Al tener prioridad de despacho, es decir la energía limpia es la primera que se consume, las grandes plantas permanecen en reserva, no generan ingreso pero tienen costo. Aunemos a la decisión alemana de retirar su generación eléctrica nuclear, para el año 2026, donde las plantas tienen un costo de miles de millones de euros y su amortización ya no será la misma. A pesar del poderío económico de estas empresas, y por ende su capacidad de cabildeo, no fueron capaces de evitar estos cambios.

Lo que acontece en Alemania lo vemos ahora en diversos países en toda medida que, en mayor o menor grado, se implementan políticas similares. Las empresas eléctricas ya han aprendido la lección de sus colegas y ahora siguen tres estrategias. La primera es diversificar sus inversiones y buscar nuevos mercados ya bien dentro o fuera del sector, en muchos casos ofrecen ya servicios de Internet, agua y gas para crear paquetes convenientes al cliente. En segundo lugar conseguir el cobro por el respaldo; como ejemplo en el estado de Wisconsin, en Estados Unidos, se creó un cargo fijo mensual para los usuarios domésticos que instalan paneles fotovoltaicos para cubrir el costo del soporte y mantenimiento de la red de distribución. Resulta lógico: si no consumes porque generas tu propia energía, y quieres tener disponibilidad cuando te sea conveniente, esto tiene que ser pagado. Finalmente una reducción profunda de los costos, al haber sido regulados esto nunca había sido una prioridad. Para ello el aprender de industrias como la automotriz, donde la disminución es la religión, ha proporcionado un camino a seguir.
Pero no tan sólo se tienen estos retos sino el que la eficiencia energética causa que el crecimiento en la demanda sea nulo, e inclusive decreciente, aunado al continuo riesgo de legislaciones –en general ligadas a la disminución de la huella de carbono– que dificulten aún más el entorno.

Quizá el único punto de optimismo en el sector eléctrico consista en el que el porcentaje de la electricidad dentro del total energético aumenta en forma continua; esto se acelerará aún más con el crecimiento de los vehículos eléctricos. A pesar de ello son épocas inciertas y difíciles.
En el ramo de hidrocarburos el panorama luce del mismo color del que antes era su orgullo: el oro negro. El movimiento mundial para disminuir los gases de efecto invernadero ocasiona que las nuevas inversiones estén enfocadas a renovables así como a medidas que disminuyan el consumo como mayor eficiencia en los automóviles. Pero los problemas no terminan ahí, la tecnología como el Internet de las cosas acelerarán esta tendencia. Por ejemplo los automóviles serán autónomos y seguirán rutas que disminuirán los embotellamientos aunado al que compartir los viajes se volverá algo más común. Aunemos que su participación en la matriz eléctrica, que es la que crece, será aún menor: tan sólo en año pasado en Europa el 75% de la nueva generación eléctrica provino de renovables.

El cambio de paradigma que trajo el gas de esquisto, donde pasó de ser una industria petrolera tradicional a una más de perfil de manufactura, hizo evidente lo que ya sabíamos: no nos acabaremos los hidrocarburos. Su disponibilidad es tal, aunada a un consumo decreciente, que quedarán en un futuro, que calculo tomará 50 años, ya permanentemente bajo tierra.
Finalmente una industria, que a pesar de que me gustaba, veo ya sin remedio es la nuclear. La tecnología no representa realmente un problema insalvable sino los costos. Una nueva planta roza los 10 mil millones de dólares y construirla lleva una década; pocos inversionistas tienen el apetito por estos proyectos. Aunemos que las renovables siguen disminuyendo su costo y la construcción de nuevas plantas atómicas ya luce irrealizable. Los proyectos en marcha vaticino que muchos no se terminarán y adicionalmente la percepción de riesgo después de Fukushima crea barreas adicionales.

Las empresas de abuelitas tendrán que cambiar absolutamente en su forma de operar y aprender a competir en éste nuevo orden. Tienen ventajas competitivas importantes, entre ellas el conocimiento del sector, pero deben de dejar los atavismos y abrazar el cambio. No es fácil pero escuché hace años de un Vicepresidente de la ahora extinta Compaq, cuando hablaba de lo que les sucedió: “Más vale que te comas tú a tus hijos de que lo haga la competencia” Algo sabía de la experiencia.

En México, el reto para la Comisión Federal de Electricidad y Petróleos Mexicanos es aún mayor ya que tienen que adaptarse a la competencia tradicional –que enfrentan desde la Reforma Energética– y enfrentar los cambios. No resultará sencillo.

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SOBRE EL AUTOR:

Ideas con Brío

Es Ingeniero Eléctrico. Coautor del libro Calidad de la Energía, socio de APQ en Estados Unidos [www.apqpower.com] y del Grupo Arteche. Presidente de la AMESCO. Combina su afición al vino con la comercialización en Vinsanto [www.vinsanto.com.mx].

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