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Opinión

Energía y Género II. La Envidia del Pene (Mi taladro es más largo que el tuyo)

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EL LIDERAZGO DE UNA MUJER EN ESTA INDUSTRIA (Y EN CUALQUIER OTRA) NO COMIENZA NI SE DEFINE POR DECIDIR POR Y PARA LOS DEMÁS, SINO POR SU CAPACIDAD DE DEFINIR QUÉ QUIERE PARA SÍ MISMA: QUÉ PUESTO, QUÉ EMPRESA, QUÉ PROFESIÓN, QUÉ ESTILO DE VIDA, QUÉ ENTORNO FAMILIAR, PROFESIONAL Y CULTURAL. NO REPITAMOS LAS MISMAS CANTALETAS DE LOS MACHOS.

Yo, la peor de todas,” firmó algún día la gran Sor Juana Inés de la Cruz que debería destronar a Frida Kahlo como tótem del feminismo.  De hecho, así como Sor Juana debería ser tótem, Kahlo debería ser tabú como modelo a seguir: por mártir, por narcisista, por cursi, megalómana y farmacodependiente pero, sobre todo, por no depilarse el bigote.

¡Pero qué dura eres! ¿Ves? Por algunas como tú las mujeres no salen adelante. Por algo dicen que machismo lleva “m” de mamá. Las mujeres somos nuestras peores enemigas. Somos las peores de todas con nosotras mismas. Y las que más claman la equidad de género son las peores entre las peores. Se enrollan con la bandera XX porque en realidad las consume un sutil autodesprecio. Porque, como dijo Sigmund Freud, cuyo mayor encanto en realidad fue su perra Jofi, las mujeres estamos incompletas y, por lo mismo, condenadas a sufrir la envidia del pene; a vivir con esa ausencia presente, como escribiera Octavio Paz.

Con tantas telarañas en la cabeza, hoy por la mañana recordé que no había escrito, mucho menos entregado, mi columna. Rumbo a otro desayuno de mujeres, cavilaba sobre qué escribir.

Un tema serio y de envergadura sería darle seguimiento al asunto de los anuncios de los descubrimientos de ENI y de Talos. ¿Fueron descubrimientos o no? Caray, hasta una mujer podría inferir que, donde hay reservas certificadas, no puede haber un descubrimiento.  ¿Por qué? Porque lo que firmó ENI con el gobierno es un contrato de extracción sobre hidrocarburos ya descubiertos por Pemex. En suma, Pemex ya había metido el taladro antes que ENI. ¿Y el deTalos?

Bueno, ese es un hoyo más polémico. Cuando todos tocaban pitos y flautas por el hallazgo de la pequeña empresa texana, Pepe Toño, sin pelos en la lengua, declaró que Pemex también ya había desvirgado esa área contractual y hasta mostró un trazo del tubo atravesando la madre tierra al ser entrevistado por mi viril amigo, Atzayaelh Torres, en El Financiero del 27 de julio pasado. Pero una damita no debe polemizar, mucho menos ponerse al brinco con el gobierno al que le urge legitimar su reforma energética.

La bronca de desmentir al Gobierno federal mejor se la dejamos a Rocío Nahle quien, con enormes tompiates, se lanzó a decir que el taladro de Pemex penetró antes que el de Talos. Por decrépito que parezca, Pemex sigue siendo nuestro charro.

Llegué al desayuno de mujeres por la sustentabilidad y en ese instante recordé que hace un par de números me había comprometido a continuar una serie de columnas sobre energía y género, con el propósito de robustecer la agenda de discusión sobre este tema, que no debe ser considerado menor, ni es menos importante que la guerra entre taladros.  Así, pues, supuse que esta reunión, en la que estaban muchas mujeres muy pensantes, algunas amigas mías, podría darme ideas para seguir con este flujo de ideas sobre la industria desde la perspectiva de género.

Pero, alas, apenas puse atención y comenzó la lluvia de lugares comunes, de esencialismos. El presupuesto de la reunión era que la “sustentabilidad” es el espacio “natural” para una mujer porque hay que pensar en la colectividad y el bien común ante todo. Y como mujeres líderes somos responsables de cambiar el paradigma para “las que nos sigan” y también “dar una voz para las que no la tienen. ” Es  decir, hay que comprometerse con una agenda de “empoderamiento sustentable”.

Caray. El léxico de la reunión oprimió todos mis botones, los más irritables inclusive. Si el enunciado “mi taladro es más largo que el tuyo” es una muestra fálica de poder, me pregunto si nuestro discurso de salvadoras de la madre tierra (por naturaleza) de liderazgo y de empoderamiento (anglicismo detestable) no es igual de prepotente. Si yo empodero a alguien, es porque tengo algo que ellas no tienen.  Es decir, mi agenda de redención funciona sobre la hipótesis de que yo estoy adelante o encima de alguien más. ¿No es esa la postura de los “alfa”?

Basta con asomarme a mi patio para ver mi manada de canes (machos y hembras) imponiéndose entre ellos. Por cierto, las perras suelen ser mucho más dominantes. Entonces, ¿somos esta nueva manada de hembras “alfa” las que van a empoderar a las beta, gama y delta y así hasta el fin? ¿Somos las que van poner la marca de lo que es bueno para todos mediante etiquetas verdes, con mercadotecnia de Sanborns (hermano de Carso Oil and Gas)? Creo que estamos replicando las mismas figuras del patriarcado al asumirnos redentoras, conciliadoras, sanadoras con nuestra varita de empoderamiento. Es lo mismo que “mi taladro es más largo que el tuyo” pero rociado de miel.

Hoy hombres y mujeres construyen discursos para imponer e imponerse de distintas formas. Los machos toman territorio clavando su bandera, las amazonas armamos legión y arrasamos todo terreno. Detrás de todo esto, hay una ilusión de ascenso que nos obnubila en lugar de pensar en nuevos modelos de crecimiento horizontal donde estamos Juntos y separados, a veces en paz y otras en discordia.

El liderazgo de una mujer en esta industria (y en cualquier otra) no comienza ni se define por decidir por y para los demás, sino por su capacidad de definir qué quiere para sí misma: qué puesto, qué empresa, qué profesión, qué estilo de vida, qué entorno familiar, profesional y cultural. No repitamos las mismas cantaletas de los machos. De lo contrario seremos “de tal Talos, tal astilla” –demostrando la mayor envergadura de nuestro taladro.

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SOBRE EL AUTOR:

Notas del inframundo

Es criatura del inframundo, donde escribe libros y artículos sobre el sector energético, y además es consultora de empresas energéticas chicas, medianas y gigantes, públicas y privadas. De igual forma es académica asociada del Centro México del James Baker III de Rice University, y profesora externa del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). El tiempo que le queda libre, si le es posible, anda con sus perras y a caballo.

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