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Rostros De Poder

“Era Trump”: 2018 marcará su futuro

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El año acaba de empezar, pero la política estadounidense ya tiene una fecha en mente: el 6 de noviembre de 2018, fecha de unas elecciones legislativas que decidirán el futuro de la llamada “Era Trump”.

Tras un 2017 de caos, derrotas sonadas y un triunfo le- gislativo sobre la bocina, la (impopular) Reforma Fiscal, los republicanos temen recibir un duro castigo electoral, que pondría en peligro la propia presidencia del magnate. En pocas semanas comenzará oficialmente el largo año electo- ral, en medio de lo que promete ser una nueva lucha entre ambos partidos por la inmigración y los presupuestos.

Tradicionalmente, las elecciones legislativas de mitad de mandato suelen acabar con la derrota del partido del presidente, independientemente de quién sea o de las circunstancias del momento. En el último siglo, el partido del Gobierno solo ha aumentado su poder en el Congreso en dos ocasiones: tras salir de la Gran Recesión, en 1934, y tras los atentados del 11-S, en 2002. Y este año, las circunstancias pintan muy dife- rentes: la aprobación del presidente está clavada en el entorno del 38%, el peor dato de la historia moderna, y las principales prioridades legislativas de su mandato –la derogación del Obamacare o la Reforma Fiscal– apenas reciben el apoyo de un 30% de la población.

Las señales de alarma ya están encendidas para los republicanos. Las encuestas sitúan a los demócratas con una ventaja de más de 10 puntos de cara a las elec- ciones, lo que les daría una victoria clara en la Cámara de Representantes. La más optimista, de hecho, pre- dice una victoria demócrata de 18 puntos, lo que, en el caso más extremo, podría dejar a los republicanos con menos de 60 escaños en la Cámara Baja, frente a los 239 que tienen ahora. Y no solo se trata de encuestas: en las elecciones especiales para cubrir cargos vacantes celebradas durante 2017, los demócratas han mejora- do sus resultados en una media de, precisamente, 10 puntos. Sin ir más lejos, hace un mes, un demócrata venció en las elecciones al Senado en Alabama, un estado donde Trump ganó por 28 puntos en 2016.

Los candidatos están tomando nota: 455 aspiran- tes a diputados demócratas ya habían recaudado más de 5 mil dólares a finales del pasado septiembre, unas cifras descomunales que duplican ampliamente el ré- cord anterior. El mismo entusiasmo no se da en el lado republicano: tres senadores han anunciado que no se presentarán para la reelección, frente a ningún demócrata, y 17 congresistas republicanos han anun- ciado su marcha, frente a siete demócratas. La mayoría de ellos, además, representan circunscripciones muy igualadas o que incluso votaron por los demócratas en las presidenciales de 2016.

Agenda en crisis

Para el Partido Republicano, y especialmente para Trump, perder cualquiera de las dos cámaras sería un grave problema. De entrada, los demócratas paraliza- rían por completo la agenda del Presidente, igual que los republicanos hicieron con Obama tras tomar el control de la Cámara de Representantes en 2010. Ade- más, la nueva mayoría activaría todo tipo de comisio- nes de investigación sobre el magnate, aprovechando sus poderes legales para exigir todo tipo de documen- tos –como su declaración de la renta o informes sobre sus negocios–, e incluso para obligarle a comparecer en interrogatorios públicos, igual que hicieron los re- publicanos con Hillary Clinton durante la campaña de las presidenciales de 2016. Y, por supuesto, podrían dar los pasos para iniciar un impeachment, aunque fuera muy poco probable que el Senado sumara los 67 votos necesarios para aprobar su destitución.

La mejor baza para Trump sería impulsar algunas de las medidas más populares de su campaña, como la inversión de un billón de dólares en obras para recu- perar la dañada infraestructura del país. Pero su parti- do, empezando por el presidente de la Cámara, Paul Ryan, planea optar por un recorte de los programas sociales más importantes, como la sanidad para jubila- dos o los subsidios para alimentos que reciben los más pobres. Además, el fiscal general, Jeff Sessions, deci- dió lanzar el pasado 4 de enero una campaña contra el consumo de marihuana, en contra de las promesas de Trump, mientras las encuestas muestran que dos tercios de la población pide su legalización.

Sin embargo, aunque logre dejar de lado las me- didas más impopulares, sigue existiendo el riesgo de que la agenda del presidente para este año se atasque en el primer mes, en medio de una guerra para apro- bar los presupuestos –prorrogados ya dos veces– y por las medidas sobre inmigración: Trump insiste en construir el muro, mientras los demócratas piden res- taurar las protecciones para los llamados “dreamers”. El acuerdo debe cerrarse antes del 20 de enero, las negociaciones están congeladas, y hay muchas dudas sobre qué bando recibiría las culpas del cierre del Go- bierno por “intransigente”.

Todo eso ocurre en medio de la publicación del libro “El fuego y la furia”, que ha golpeado de lleno a Trump al acusarle a él y a su administración de ser incompetentes e incapaces. El Partido Republicano necesita un cambio de rumbo urgente, o se arriesga a quedar a merced de unos votantes muy enfadados con su Gobierno (Cortesía: elEconomista.es).

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