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Opinión

Explicación fallida

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EL GOBIERNO DE ENRIQUE PEÑA NIETO NO PENSÓ QUE EL AUMENTO AL PRECIO DE LA GASOLINA Y EL DIÉSEL CAUSARÍA TANTO REVUELO. CREYÓ QUE LAS EXPLICACIONES DEL SECRETARIO DE HACIENDA SERÍAN SUFICIENTES PARA CALMAR Y CONVENCER A LA CIUDADANÍA DE ACEPTAR EL INSÓLITO INCREMENTO DE HASTA 24% EN ALGUNAS REGIONES DEL PAÍS. HAN PASADO CUATRO SEMANAS Y LA “VERDAD HISTÓRICA” NO CONVENCE.

Gracias a la reforma hacendaria, por primera vez en cinco años ya no habrá incrementos mensuales a los precios de la gasolina, el diésel y el gas LP (enero de 2015). Se acabaron los gasolinazos que tanto lastimaron mes a mes a la economía de las familias mexicanas (septiembre 2015). Por primera vez en 24 años bajó el precio de las gasolinas y el diésel (enero 2016). Nunca comprometí el que no fuera a incrementarse la gasolina (septiembre 2016). Se trata de un aumento que viene del exterior… Tratar de mantener el precio artificial de las gasolinas nos hubiera obligado a recortar programas sociales, a subir impuestos o a incrementar la deuda del país… Es una decisión dolorosa pero inevitable… Sé que hay mucha molestia y enojo por esta situación. Son sentimientos que entiendo y que comprendo… ¿Que hubieran hecho ustedes?… La realidad se nos ha impuesto, nos ha alcanzado… La gallina de los huevos de oros se nos fue secando, se nos fue acabando… Como los partos, las medidas a veces son dolorosas (enero 2017). Enrique Peña Nieto.

En su desesperación el Presidente Enrique Peña Nieto ha negado lo que antes dijo, para luego rectificar, matizar y volver a corregir con tal de proteger su Reforma Energética, cuyos éxitos ya no serán tan inmediatos como afirmó al principio, sino para más tarde, en el futuro, algún día… Abatido porque el mensaje no pasa, el Primer Mandatario ha hecho un llamado a la sociedad “para que escuche las razones, para que atienda lo difícil que fue para el gobierno tomar esa decisión [el gasolinazo]”. El tono de regaño refleja la exasperación presidencial. Y como de plano su carisma ya no convence, le ha pedido a su gabinete que lo apoye en el esfuerzo de comunicación. El resultado ha sido atroz.
Cuando el Secretario de Energía no ata ni desata, y Peña envía al Secretario de Salud, a los Directores del Seguro Social y del ISSSTE, al Secretario de Educación Pública y a la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano, a explicar el gasolinazo, la incredulidad aumenta. Cuando el Gobernador del Banco de México contradice al Presidente de la República y junto con Standard and Poor’s ubican el origen del gasolinazo en la reforma energética, el tinglado se viene abajo y el descredito alcanza cimas insospechadas. Cuando se culpa a gobiernos anteriores de no haber tomado medidas adecuadas, pero durante cuatro años se dio continuidad a casi todo lo que aquellos hacían, el ridículo cubre a la administración. ¿Por qué Peña siguió subsidiando? ¿Por qué no siguió construyendo la refinería que comenzó Felipe Calderón? ¿Por qué prefirió aumentar las importaciones? ¿Por qué no actuó enérgicamente desde el principio de su administración? ¿Por qué no tomó decisiones “con sentido de responsabilidad, con carácter y firmeza”, como dice hacer ahora?
El Gobierno es víctima de sus propias maquinaciones. Es mala idea mentir para explicar, pero todavía es peor amenazar y amedrentar para convencer por la fuerza. Lo único que ha logrado es acrecentar la irritación e indignación popular. Con mentiras es fácil explicar pero difícil convencer. En otros tiempos los gobernantes engañaban fácilmente a la sociedad por su enorme control sobre los flujos de información. Hoy es fácil obtener y cruzar información nacional e internacional, analizarla y discutirla, para echar abajo cualquier argumento oficial inconsistente, contradictorio, incongruente, falso o superfluo. A Peña se le olvidó que la sociedad está mejor informada y, lo más importante, que está cansada de tantas mentiras, promesas incumplidas, corrupción, impunidad y cinismo de los gobernantes, especialmente harta de él y todo lo que trae consigo. La animosidad social flota en el ambiente.
Las autoridades explican el gasolinazo, primero, ofreciendo razones técnicas, segundo, pidiendo un acto de fe; tercero, manipulando la importancia del subsidio, y cuarto, amenazando con las siete plagas. Alrededor de ese núcleo argumentativo giran un sinfín de explicaciones secundarias, la mayoría simplistas.
La Presidencia explica: “las razones fundamentales del aumento del precio de la gasolina son: i) el precio internacional del petróleo subió 60 por ciento durante 2016; ii) el tipo de cambio subió 13 por ciento en el mismo periodo; y iii) el precio internacional de la gasolina subió más de 25 por ciento en la mayoría de los países; estas situaciones afectan directamente a México, toda vez que importamos más de la mitad de las gasolinas que consumimos” (https://goo.gl/JRFNBT). Son verdades a medias.
Llama la atención que la administración peñista –ansiosa por replicar el modelo estadounidense–, se niegue a ver lo ocurrido el año pasado en la costa americana del Golfo de México, el mercado internacional relevante para nuestro país, origen de la mayor parte de las importaciones y cuyos precios sirven de referencia en América del Norte. De acuerdo con las cifras del Departamento de Energía de los Estados Unidos el precio promedio del petróleo ligero West Texas Intermediate cayó 13% al pasar de 48.7 dólares por barril en 2015 a 42.3 dólares en 2016. El precio de la gasolina regular también decreció aunque menos (10%), pasando de 2.25 a 2.03 dólares el galón. El Departamento de Energía explica además que el precio de la gasolina el año pasado fue el más bajo desde 2004. El único punto a favor de la verdad oficial es que el precio expresado en pesos por litro sí aumentó, por ejemplo 5.8% en el caso de la gasolina regular al pasar de 9.49 a 10.04 pesos el litro.
El Gobierno federal también oculta la manera de calcular el aumento, pues toma el mínimo y el máximo del año para obtener el crecimiento más alto. Además descalifica las comparaciones con Texas –precisamente como la que acabo de hacer–, porque “no son estrictamente justas, ni bien proporcionadas, porque… las refinerías están ahí, muy cerca de donde se provee este insumo. Y, además, tienen un modelo fiscal distinto al que tenemos en nuestro país”. Al presidente se le olvida decir, primero, que en México se vende la gasolina como si toda, incluyendo la de Pemex, proviniera de las refinerías de Texas y, segundo, que el impuesto promedio que se paga en los EU es de alrededor 45 centavos de dólar por galón cuyo peso relativo en el precio es de 21%, en cambio aquí, con el gasolinazo, el peso de los impuestos alcanza casi el doble: 37% para la gasolina de los ricos y 43% para la gasolina de los pobres. Allá el gobierno no abusa de los consumidores cautivos, en cambio el de aquí es voraz, prepotente e ineficiente, no extraña entonces que use el IEPS para compensar sus deficiencias recaudatorias.
El acto de fe que la Presidencia le pide a la ciudadanía es el siguiente: “el incremento en el precio de la gasolina no es resultado de la Reforma Hacendaria ni de la Reforma Energética… El Gobierno no recibirá ni un centavo más por este aumento”. Agustín Carstens y Standard and Poor’s desmintieron públicamente al Presidente, pero si queda alguna duda recomiendo leer la iniciativa de Ley de Ingresos de la Federación para el Ejercicio Fiscal 2017, donde el mismísimo Peña Nieto explica que los precios máximos aplicados este año son parte de la implementación de la reforma energética (https://goo.gl/ER7OPs). Y por más fe que tengan los creyentes, es difícil creer el cuento de que el Gobierno no ganará ni un peso adicional, vistas las carretadas de dinero que se está llevando a costillas de los consumidores. La citada Ley de Ingresos 2017 (https://goo.gl/6n7SPR) establece que la recaudación por el IEPS a los combustibles automotrices será de 284 mil millones de pesos (mdp) en 2017, lo cual representa un aumento de 35.8% con respecto a 2016 (año en el que se presupuestó 209 mdp), y casi 10 veces más de lo programado en 2015 (30 mil mdp). La fe no alcanza con ese tamaño de mentira.
Por lo que toca al tamaño del “subsidio evitado” por el gasolinazo, la Presidencia lo ubica en al menos 200 mil millones de pesos. ¿Será cierto? ¿Cuál fue el monto del subsidio en 2015 y 2016? Pregunto porque no aparece en el Informe Presidencial ni en ningún reporte público. No fue incluido en el paquete económico, ni el Congreso lo aprobó, ni Pemex lo recibió. Por el contrario, a solicitud de Hacienda, el Congreso aprobó una recaudación de 30 mil mdp en 2015 y 209 mil mdp 2016, como ya señalé. No sabemos si el IEPS quedó por debajo o por arriba del subsidio, si es que este último existió. Y en todo caso, a Pemex no le compensaron las pérdidas por vender por debajo de lo que el gobierno considera “el costo real de suministro”.
El Gobierno dice que la gasolina ya no está subsidiada, sin embargo el precio al consumidor final incluye un abultado impuesto. ¿Si se reduce el IEPS de 4.28 a 3.16 pesos por litro, como ordenó Peña Nieto, según cuenta el Secretario de Hacienda (https://goo.gl/yUJo4F), se estaría subsidiando la gasolina? La administración federal no se ha molestado en transparentar las cuentas ni lo hará porque todo su discurso se le vendría abajo. La presidenta de Brasil, Dilma Roussef, perdió su puesto acusada de falsear información pública. Aquí el Presidente es rey.
Las siete plagas que intimidan al ingenuo son el cierre de escuelas y hospitales, la suspensión de becas y pensiones y otras barbaridades similares. El Gobierno federal ha buscado los impactos más nocivos, grotescos e inauditos para ejemplificar lo que haría si se revierte el aumento al precio de la gasolina. Tomar a los pobres como rehenes y chivos expiatorios es indigno. Escoger entre gasolinazo o recorte al gasto social es un falso dilema que sólo cabe en la cabeza de un presidente insensible y autoritario, obstinado en privatizar el suministro de combustibles antes de concluir su mandato. Lo bueno es que él no se despierta pensando como joder a México. (Más notas en Facebook VRP)

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SOBRE EL AUTOR:

Energía y Poder

Es Catedrático de la UNAM. Analista político y energético.

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