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Opinión

La Iglesia Católica se indigna: La Reforma Energética en el camino de la desigualdad

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“HASTA LA IGLESIA CUESTIONA LA REFORMA” ME COMENTÓ UN ALTO FUNCIONARIO DE PEMEX. Y EN EFECTO, EL SEMANARIO DESDE LA FE, ÓRGANO DE INFORMACIÓN DE LA ARQUIDIÓCESIS DE MÉXICO, ARREMETE CONTRA LA REFORMA EN SU EDITORIAL DEL 12 DE MARZO, TITULADO SUGESTIVAMENTE “TRATAMIENTO DE ELECTROSHOCK”.

Palabras más, palabras menos, el semanario católico Desde la Fe señala que la Reforma Energética fue exhibida como de las más trascendentes desde 1917, como una reforma “esperanzadora”, con “vocación social”, que se traduciría en bienestar para todos, porque el Estado conservaría la propiedad sobre los hidrocarburos y la rectoría en áreas estratégicas.

Reforma y demagogia fueron de la mano. Desde el inicio se echó mano de los pobres y de un supuesto beneficio popular, indica la Iglesia. La “magnífica” reforma prometía más recursos públicos para programas sociales, educación y desarrollo de la población más vulnerable y desprotegida. Hoy los escasos resultados quedan lejos de la vocación social que se pretendía, expone el semanario católico. Añade que la población carga con el fardo más pesado mientras la riqueza generada por las empresas del sector energético, públicas y privadas, engrosa los bolsillos de unos cuantos.

El brutal aumento del precio de los combustibles detonó la reacción social al punto que el gobierno se vio obligado a remplazar nuevos gasolinazos por ajustes diarios del orden de centavos. Ello no ha impedido el crecimiento de la inflación y el impacto en la economía familiar. Para colmo, el gobierno se niega a reconocer un resultado más que evidente, reclama la Arquidiócesis. Al gasolinazo siguió el incremento de la luz y el gas LP. Tan sólo en marzo, el gas se encareció 21% y las tarifas eléctricas en 13 y 17%, un electroshock para industrias y hogares. Las expectativas de un ajuste mesurado nunca se cumplieron.

“La decantada Reforma Energética, conforme pasa el tiempo, se desinfla por la insuficiencia argumentativa que la pretende defender. Marañas y marañas, verborrea y retórica, exhiben lo que jamás se previó cuando fue creada. No hubo sensibilidad social y sí mucha voracidad excusada en demagogia, que nos recetan todos los días con la pueril advertencia: ‘de no haberse liberado el precio de los energéticos, se hubieran recortado programas sociales’. Lo que menos ha interesado es que esa riqueza llegue a los que menos tienen”, señala una Iglesia Católica visiblemente irritada.

“La Reforma Energética ya resulta sumamente cuestionada por su impacto social que desestabiliza el futuro de los sectores más vulnerables. Sus beneficios enriquecen a pocos y, lamentablemente, comienzan a crear nuevas generaciones de pobres. Cada día, usuarios y consumidores se rascan los bolsillos para que, centavo a centavo, contadas manos aglutinen la riqueza, a pesar de las promesas de que todos, sin excepción, se beneficiarían con las reformas estructurales”, fustiga el semanario religioso.

Le recuerda al lector que en su visita a México el Papa Francisco advirtió que la búsqueda del camino del privilegio o beneficio de unos pocos, en detrimento del bien de todos, hacía que tarde o temprano la vida en sociedad se volviera un terreno fértil para la corrupción, el narcotráfico, la exclusión de las culturas diferentes, la violencia, incluso el tráfico de personas, el secuestro y la muerte, causando sufrimiento y frenando el desarrollo. “Y las reformas estructurales van por ese camino: el de la desigualdad”, concluye la Arquidiócesis. ¡Wow! ¡Qué fuerte!

No es la primera vez que la Iglesia Católica se indigna y reclama. En pleno gasolinazo el editorial del 8 de enero, titulado “Insensibilidad”, señaló que el aumento del precio de los combustibles y las tarifas eléctricas era un duro golpe a la economía y que México tendría un amargo 2017. “Los precios de la gasolina tienen efectos fuertemente recaudatorios. Cerca del 43 por ciento del precio de cada litro es determinado por la cuota del IEPS y el IVA. El resultado son gasolinas carísimas usadas para captar impuestos de los cuales, por desgracia, no hay transparencia en cuanto a su destino y fin”, advirtió Desde la Fe.

Pero ahí no paró la crítica. Los obispos señalaron que “la mala administración de la riqueza petrolera fincó castillos en el aire; Pemex… fue caja chica para cobijar estructuras de poder que chuparon los recursos que debían ser aplicados al desarrollo de la industria… No sólo fue la alta burocracia, sino que al amparo del petróleo creció el poder de sindicatos con prebendas increíbles, creando líderes intocables y millonarios. Esa riqueza fue dilapidada, desapareció, y ahora millones de contribuyentes son sacrificados para reponer con impuestos lo que se perdió debido a la corrupción e irresponsabilidad. México quedó a la zaga del crecimiento cuando… no hubo visión de futuro para expandir la infraestructura de refinación. El idilio del oro negro hizo del país un gigante enano, y ahora pagamos caro esa falta de visión… Ahora se nos pasa una factura impagable y dolorosa. Décadas de mala administración e irresponsable gasto nos tienen en este atolladero de la nueva política energética que no vislumbró las consecuencias sociales porque no hubo sensibilidad al respecto. Y con razón el enojo de los contribuyentes, cuando se les obliga a pagar por los errores de otros que en el pasado se sirvieron del poder con las bolsas henchidas de petrodólares, endeudando eternamente a los mexicanos de la clase media y pobre”. ¡Órale! Y el autor no es un grupito radical de izquierda revolucionaria, es la mismísima Iglesia Católica, la que agrupa en su seno a la gran mayoría de mexicanos pobres, ricos y magnates.

“Las soluciones deben ser urgentes porque México no está preparado ante un mazazo brutal que le lastima más. Todos estamos llamados a la responsabilidad, y particularmente la alta burocracia y clase política de sueldos inmorales y prestaciones inconcebibles en el débil país del 2% de crecimiento anual, y la mitad de la población en situación de pobreza… Urge una aplicación responsable de los recursos públicos… Urge también más sensatez de los responsables de llevar las riendas del país que de manera insensible y arrogante todavía se atreven a decir que el gobierno está trabajando para apoyar a los sectores más vulnerables de la población y que los mexicanos deben asumir este nuevo reto para salir adelante. La gente está harta de todo esto. Por eso hay tanta indignación y furia”. La crítica es directa y sin matices. Y, repito, no es la izquierda la que habla sino la conservadora Iglesia Católica.

En el editorial del 12 de febrero, la Arquidiócesis profundizó su crítica en el tema de la gasolina. Después de recordar que la liberación del precio de los combustibles provocó inestabilidad, que se rebasaron los límites del orden, que la sociedad civil se organizó pacíficamente para protestar contra las impopulares medidas, que hubo disturbios y sicosis, el semanario católico no se anduvo por las ramas al señalar que “a pesar de las explicaciones y de las retóricas desafiantes como aquella del “ustedes, ¿qué hubieran hecho?”, los mexicanos supimos de los altos costos tributarios en los precios de los energéticos y de la ignorancia de las autoridades por no conocer exactamente el pulso de una sociedad que no está preparada para tales medidas”.

Ante los riesgos a la paz, los obispos de México asociaron el cansancio de la gente a la imposibilidad de acceder al desarrollo humano, integral y solidario, pero también a la imposibilidad de aspirar a un país cuya meta fuera acceso a un techo, a una tierra y a un trabajo para cada persona. Ese cansancio y hartazgo social también fue asociado a la simulación de un gobierno que decía estar tomando medidas de austeridad pero que en realidad se quedaba corto. Otro punto a destacar era la estratosférica deuda pública, de más de nueve billones de pesos, equivalente al 47.9% del PIB, la cual genera el pago de cuantiosos intereses equivalente al presupuesto de las Secretarías de Salud y de Educación Pública. La deuda “es una bomba de tiempo que se encuentra activa al hipotecar el futuro de cada mexicano”, alertó la Iglesia.

Ante la inestabilidad económica y social la Arquidiócesis hace un llamado “a la sensibilidad a fin de crear mejores condiciones de vida para nuestro pueblo. Necesitamos ser menos dependientes del exterior [construyendo refinerías], pero sobre todo, reducir las drásticas brechas entre riqueza y pobreza, y hacer, verdaderamente, un Gobierno austero sin privilegios para unos pocos, recortar los salarios millonarios y evitar lo superfluo…[Y] el desarrollo social no es dar ayudas intermitentes…”.

El mensaje de la Iglesia es claro: lo que hace la élite económica y política no es católico. La mayoría asiste a la misa el domingo, se confiesa y comulga, pero la religión y la moral pasa a un segundo plano cuando se trata de dinero. A los pobres se les explota, no se les ayuda con empleos y salarios dignos, sino con limosnas. Las donaciones lavan las conciencias. No les perturba saquear ni el bolsillo de los que menos tienen, ni el patrimonio energético nacional con ayuda de sus socios extranjeros. Y en su moral chiquita justifican que cada quien se rasque con sus uñas para la educación, la salud, la jubilación… Todos somos hermanos e iguales delante del Señor pero delante de la plata es distinto; el mercado es la lucha de todos contra todos, donde no cabe la solidaridad sino el egoísmo, donde sobrevive el más fuerte, el más astuto, el más mañoso, el más bandido, el que mejor explota y roba a los demás. Que incongruencia ser neoliberal y católico al mismo tiempo. Pero los editoriales de la Arquidiócesis son como los llamados a misa: atiende el que quiere. Al Gobierno le tiene sin cuidado la crítica de los obispos porque la impunidad se extiende hasta el reino de los cielos y eso de rendir cuentas sólo se aplica a los de abajo. La parábola del camello y la aguja es pura fantasía, al cielo entran todos y se acomodan conforme a su condición social: los ricos cerca del Señor, lo pobres en la periferia.

Correo: energia123@hotmail.com
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SOBRE EL AUTOR:

Energía y Poder

Es Catedrático de la UNAM. Analista político y energético.

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