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Opinión

Lamento informarles: en México no replicaremos el éxito del gas de esquisto en EU

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México tiene importantes reservas de gas de esquito. Desgraciadamente la Reforma Energética no llega a fondo, aunado a otros factores, por lo que será más rentable importarlo de EU.

Uno de los principales argumentos para impulsar la Reforma Energética fue el poder explotar los yacimientos de gas esquisto con los que cuenta nuestro país, que se calculan sean los sextos a nivel mundial.

Sin embargo realizarlo no va a resultar una labor sencilla y, muy probablemente nos quedemos como importadores de Texas y otros estados de EU. Para comprender mejor esto, veamos la historia de lo que sucedió en el vecino del norte.

Hace menos de una década las perspectivas energéticas de Estados Unidos eran sombrías: la producción interna declinaba y los gigantes petroleros de ese país se enfocaban en comprar reservas en otros países. Trabajaban en asegurar el suministro de gas y petróleo que les permitiera recuperar sus reservas para no resultar penalizados por los inversionistas.

La innovación en la perforación horizontal, de la que elaboraremos más adelante, les permitió aumentar en forma espectacular la producción y aumentar en 40% el empleo que proporciona la industria en tan sólo un lustro. Sirva como medida de la magnitud del cambio que en el resto del mundo: en los años recientes se han perforado 1.5 millones de pozos, mientras que en EU han sido 4 millones, un 150% más.

Pero antes del auge, como ya mencionábamos, las petroleras se dedicaban más a comprar a sus competidores, lo que equivale a hacer labores de perforación en Wall Street. Sirva como ejemplo la inversión, tan solo inicial, en el campo Kashagan en Kazajistán que supera los 50 mil millones de dólares y en donde se calcula existan 13 mil millones de barriles. Con esta mentalidad, de gigantismo, las grandes compañías petroleras se encontraron bloqueadas para aprovechar la revolución.

La existencia de grandes depósitos de gas en los yacimientos de esquisto ha sido conocida por décadas, compañías de menores dimensiones, como GHK, lo intentaron extraer pero no era rentable. Esto cambió cuando George Mitchell, que se encontraba perforando en Barnett, Texas, empezó a perforar horizontalmente, liberando grandes cantidades de gas. Devon Energy, con buen olfato de negocios, le compró al inventor su empresa y siguió invirtiendo para perfeccionar el proceso. Chesapeake Energy se sumó a estos avances y, como resultado, superó a ExxonMobil como el principal proveedor de gas natural en su país; poco tiempo después los estadounidenses superaron a los rusos como los principales productores mundiales de gas. Con tal abundancia, como era de esperar, el precio del gas se desplomó de 13.50 dólares por millón de pies cúbicos a tan solo 4 dólares.

La revolución no termina ahí, usando los mismos sistemas ahora pueden extraer petróleo de las misma formaciones, lo que en el argot de la industria se conocen como depósitos apretados y, de nuevo, están en camino de rebasar a Rusia para colocarse como segundo productor mundial sólo atrás de Arabia Saudita.

En EU, a diferencia de la mayoría de los países, tiene un régimen de propiedad de la tierra que otorga la propiedad sobre la superficie y todo lo que se encuentre debajo de ella, en teoría hasta el centro de la tierra. La mayoría de los países conservan la propiedad en el subsuelo o ya bien la tienen regulada. La legislación en EU ocasiona que existan más de 6 mil compañías petroleras y fomenta innovación. Muchas de estas empresas han migrado a ofrecer servicios de localización que aumentan considerablemente el rendimiento indicando como y en donde debe de perforarse.

La magnitud de la innovación de la perforación horizontal, se aprecia con estas cifras. Si se perforaran en forma tradicional 10 pozos estos expondrían 30 metros de esquisto, con la nueva tecnología llega a 16 kilómetros. Pero no termina ahí los avances, los tipos de broca, su velocidad de rotación y otras variables permiten mejorar la productividad en más de 30 por ciento. Con razonable certeza se tendrán avances que lograrán mejores rendimientos y, por supuesto, se beneficiarán exportando su conocimiento.

En realidad esta industria de perforación se asemeja más a una línea de producción que a un negocio petrolero, por ello las barreras de entrada son menores y atrae a nuevos jugadores.

Siendo así, ¿por qué no duplicar el éxito en México? Adicionalmente a la restricción sobre el poseer los recursos del subsuelo, que resulta una barrera enorme ya que disminuye sensiblemente la utilidad, hay otros asuntos que complican aún más la ecuación. En primer lugar el rechazo a los habitantes a tener instalaciones petroleras en su vecindad, ya hemos tratado en otras entregas de Ideas con Brío sobre el fenómeno Nimby (not in my backyard, no en mi patio trasero) mientras que los habitantes de Oklahoma y Texas toman orgullo en ser petroleros. No olvidemos que con los dos primeros pozos de esquisto en México la población vecina empezó con temores sobre los sismos que acapararon los titulares en prensa y televisión. Lo anterior sin mencionar los efectos que algunas personas opinan tiene sobre los mantos acuíferos. Los activistas verdes representarán una barrera, ya que el gas produce CO2. Por otro lado, el proceso requiere cantidades ingentes de agua, con la que no contamos, y una infraestructura para llevar la arena, necesaria para perforar, al igual que los suministros como tubos, que no disponemos. Finalmente, como puntilla, podemos extraer gas pero no contamos con ductos para transportarlo.

Todos los puntos anteriores, por desgracia, apuntan a que una revolución de gas de esquisto en México no será posible y, si llega a suceder, será de muy limitada magnitud. Lo que sí resulta un hecho es que la construcción de ductos será muy rentable, como lo está aprovechando la Comisión Federal de Electricidad (CFE) que, dicho sea de paso, al entrar en este negocio limita el efecto de la Reforma Energética al ser el principal consumidor de gas en nuestro país. Vienen cambios, pero no revoluciones.

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SOBRE EL AUTOR:

Ideas con Brío

Es Ingeniero Eléctrico. Coautor del libro Calidad de la Energía, socio de APQ en Estados Unidos [www.apqpower.com] y del Grupo Arteche. Presidente de la AMESCO. Combina su afición al vino con la comercialización en Vinsanto [www.vinsanto.com.mx].

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