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OPINIÓN | Alfredo Sandoval | El efecto Trump aumenta el riesgo de emisiones de dióxido de carbono

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LA ORDEN EJECUTIVA DEL PRESIDENTE DONALD TRUMP EN EU DEROGA EL PLAN DE PROTECCIÓN AMBIENTAL DEL GOBIERNO DE BARACK OBAMA Y, MÁS ALLÁ DEL CONFLICTO LEGAL QUE SE DARÁ, ES EVIDENTE QUE EL CARBÓN YA NO SERÁ CONSIDERADO COMO FUENTE CONTAMINANTE DE ALTO RIESGO.

En 1831, Michael Faraday descubrió un proceso gracias al cual resulta posible transformar energía mecánica en energía eléctrica. Dicho proceso, hoy conocido como inducción electromagnética, únicamente requiere la presencia de imanes en movimiento respecto a bobinas elaboradas con materiales conductores.

Con el paso de los años, la generación de electricidad por inducción se convirtió en la base de las modernas plantas que producen la electricidad que llega a nuestros hogares. En este contexto, un rápido movimiento rotatorio de imanes se realiza a través de turbinas alimentadas con vapor de agua. En las plantas más comunes, las altas presiones del vapor se obtienen a partir del uso de grandes calderas alimentadas con carbón.

En la actualidad, casi 40% de la electricidad producida a nivel mundial hace uso del carbón (1). A su vez, la quema del carbón es responsable del 39% de las emisiones de dióxido de carbono atmosférico registradas diariamente por distintos observatorios ambientales (2).

Producir electricidad con base en la quema de carbón aparentemente es muy rentable. Un ejemplo bien conocido es el de la planta Montañesa de New Haven, situada en el estado de Virginia del Oeste (en área de los Montes Apalaches). En el año 2014, este complejo industrial quemaba un millón de toneladas de carbón cada hora, suministrando electricidad a 1.3 millones de usuarios distribuidos en siete estados de la Unión Americana (1).

El costo pagado por hogar correspondía a diez centavos de dólar por cada kilowatt-hora [un poco menos de dos pesos mexicanos al tipo de cambio registrado al inicio de abril de 2017].

En realidad, el uso del carbón para producir electricidad implica enormes costos ambientales. El carbón es una fuente de energía extremadamente contaminante que muy difícilmente podría convertirse en “limpia” en el corto y mediano plazos.

En buena medida, el objetivo principal del Acuerdo de París es reducir significativamente las emisiones de dióxido de carbono a nivel mundial, pues la presencia excesiva de este compuesto en la atmósfera causa un aumento de la retención de la radiación infrarroja que se genera cuando los rayos del Sol se reflejan en la superficie terrestre. Este exceso de radiación retenida provoca el fenómeno de calentamiento global antropogénico (causado por el ser humano), que se adiciona al efecto producido de manera natural por otras fuentes.

En junio de 2014, el entonces Presidente Barack Obama anunció nuevas leyes que “pondrían fin a las emisiones indiscriminadas de dióxido carbono por parte de las centrales eléctricas estadounidenses”. El documento correspondiente fue llamado “Ley del Aire Limpio” (Clean Air Act) y en su momento fue impugnado por varias instancias hoy afines a la administración de Donald Trump.

En menos de 200 años, el uso a gran escala del descubrimiento de Faraday se ha convertido en el centro de un problema ecológico de proporciones históricas. El pasado 28 de marzo, el Presidente Donald Trump firmó un decreto levantando las restricciones sobre el uso de carbón para producir electricidad, emitidas en la administración de Barack Obama (3). Más allá del inevitable conflicto legal que se dará con relación a esta orden ejecutiva, resulta evidente que el carbón no será considerado como una fuente contaminante de alto riesgo por parte de la actual administración federal estadounidense.

Países como Suecia dependen en muy poca medida del uso del carbón. Menos de 2% de la energía producida por ese país en el año 2014 provino de plantas termoeléctricas accionadas por combustibles fósiles (4). Comparativamente, produce casi el triple de su electricidad por medio del reciclaje de basura orgánica con respecto a la generación haciendo uso de carbón.

En el marco del viraje en la postura gubernamental estadunidense, esfuerzos semejantes al desarrollado por los suecos deberán de multiplicarse. Será responsabilidad de las sociedades de los países participantes del acuerdo de París renovar acciones tecnológicas, educativas e informativas que impidan que los vaivenes políticos de las grandes economías empantanen la ruta hacia un planeta sustentable.

REFERENCIAS:
(1) M. Nijhuisk, Can Coal Ever Be Clean? National Geographic on line (April 2014). http://ngm.nationalgeographic.com/2014/04/coal/nijhuis-text
(2) A. Sandoval Villalbazo, Ciencia, antídoto contra la desinformación contra el cambio climático, Prensa Ibero (8 de febrero de 2017). http://ibero.mx/prensa/analisis-ciencia-antidoto-para-la-desinformacion-sobre-cambio-climatico
(3) M. McGrath, Trump makes major change to US climate change narrative, BBC News, 28 de marzo de 2017. http://www.bbc.com/news/science-environment-39419074
(4) Un panorama completo de la producción de energía por país en las décadas recientes es proporcionado de manera pública por la Agencia Internacional de Energía a través de la dirección electrónica: https://www.iea.org/statistics/statisticssearch/report/

Dr. Alfredo Sandoval Villalbazo, académico del Departamento de Física y Matemáticas de la Universidad Iberoamericana.

Correo: alfredo.sandoval@ibero.mx

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