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Petróleo

OPINIÓN | Stephan Witting Zepeda | Apostar por combustibles renovables… o cómo combatir precios altos

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A DIFERENCIA DEL RESTO DEL MUNDO, EN MÉXICO SE HAN IMPUESTO RESTRICCIONES AL USO DEL ETANOL, PROVOCANDO QUE LA GASOLINA BASE QUE SE USA EN NUESTRO PAÍS SEA DISTINTA, BOUTIQUE, Y POR ENDE, MÁS CARA.

Sin entrar en discusión sobre si el monto del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) a las gasolinas es muy alto o el adecuado, existe un factor que puede hacer una diferencia significativa en los precios de las gasolinas en México. El uso de etanol como componente esencial de las gasolinas contribuye con ahorros de hasta 7% al consumidor en el mundo.
Desde la década de los 70, Brasil comenzó a explorar con combustibles alternativos para lograr precios más competitivos que los de los combustibles fósiles. Hay que recordar que entre 1973 y 1974, tras el embargo petrolero aplicado por la OPEP, el precio del crudo se cuadriplicó. Así, el programa brasileño “Proálcool”, iniciado en 1975, surgió como una iniciativa integral enfocada en la investigación, producción, distribución y uso de etanol para mezclarse con la gasolina y bajar así su precio al público, resolviendo así parte de la falta de abasto y contribuyendo a reducir el gasto en combustibles de la población.
Durante la segunda crisis petrolera, en 1979, el programa se fortaleció aún más al ser el diferencial de precio con el petróleo el principal aliciente para incrementar las inversiones en este rubro. En Brasil la producción anual de caña de azúcar pasó de 100 millones de toneladas de caña de azúcar a más de 200 en los diez años posteriores a las crisis petroleras. Al día de hoy existen más de 9.5 millones de hectáreas sembradas de caña de azúcar en Brasil, que representa el 1% del total de su superficie.
Actualmente, más de 35 países en el mundo tienen implementado un programa de uso de biocombustibles, siendo Brasil y Paraguay quienes llevan la delantera, mezclando hasta 27.5% de etanol con las gasolinas, además de vender etanol de 95% para su uso en vehículos especiales, que a su vez gozan de tasas de impuestos reducidas por ayudar al medio ambiente y reducir los gases de Efecto Invernadero. En Estados Unidos el etanol se comenzó a utilizar 2004 como oxigenante substituto del MTBE –componente prohibido hoy en día. En la actualidad el etanol es un ingrediente esencial de las gasolinas autorizado en mezclas del 10, 15 y hasta 85% en vehículos Flex Fuel.
Para el desarrollo adecuado del etanol en México, la caña de azúcar es el cultivo con mayor potencial en el país, además de ser la materia prima que más beneficios presenta al medio ambiente. Por mencionar algunos, de la caña se obtienen los azúcares que serán fermentados para convertirse en etanol, y por otro lado el bagazo se transforma en una excelente alternativa energética para crear la energía requerida a lo largo de todo el proceso. Además, el uso de esta biomasa como fuente de combustible permitiría la cogeneración de energía eléctrica hasta por 1,000 MWh si a nivel nacional se usara un 10% de etanol en mezcla con la gasolina.
Los combustibles renovables no sólo son renovables porque su materia prima se puede cultivar cada año, sino porque durante su crecimiento absorbió el CO2 que será transformado en combustible, sin añadir CO2 nuevo a la atmósfera.
La industria petrolera internacional ha adoptado el uso del etanol por su alto valor de octanaje y se han desarrollado gasolinas base específicas para estas mezclas, con un ahorro significativo al intercambiarlo por algunos componentes tóxicos o incluso cancerígenos. Ha sido tal su impacto que, por lo menos, cuatro de los principales refinadores de petróleo en el mundo tienen también plantas de producción de etanol, como Shell y BP.
Al día de hoy, más de la mitad de las gasolinas que se venden en el país son importadas de Estados Unidos. A diferencia del resto del mundo, en México se han impuesto restricciones al uso del etanol, provocando que la gasolina base que se usa en nuestro país sea distinta, boutique, y por ende, más cara.
El ahorro para nuestro país, y que a la vez significaría ahorro para los consumidores, sería de casi 50 centavos por litro. Esto representa más de 60 millones de pesos diarios o 21 mil 900 millones de pesos al año que, sin duda, impactarían positivamente en otras áreas de la economía. Además, el desarrollo de más de 500 mil hectáreas de caña de azúcar y sorgo en el país reactivaría el campo y generaría más de 350 mil empleos en toda la cadena según estimaciones hechas a partir de la producción de azúcar en el país.
La producción de etanol no desplazaría a ningún alimento. México es superavitario en la producción de azúcar, y los terrenos aptos para la producción de más caña según censos de la Sagarpa, hoy en día están abandonados o tienen pasturas silvestres sin ningún provecho y con baja captación de dióxido de carbono. En el caso del sorgo que es usado como alimento forrajero, la producción de etanol tiene como subproducto los llamados Granos Secos de Destilería (DDGs), proteína concentrada para una mejor alimentación del ganado.
Ya sea por independencia energética, o para bajar los precios de los combustibles, o bien para desarrollar a gran escala el campo en México, o para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, e incluso la sustitución de componentes tóxicos y cancerígenos en las gasolinas, es imperante revisar los criterios bajo los cuales se ha limitado su uso. Es indispensable actualizar la normatividad con la última información disponible, bajo estudios sin sesgos que permitan la implementación de un programa integral de uso de biocombustibles y así mejorar la posición del país en su desarrollo sustentable, económico y competitivo.

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