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Opinión

Y si gana AMLO, ¿qué será de la Reforma Energética?

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LA ÚNICA FORMA DE GANARLE EL PAÍS A LOS PARTIDOS POLÍTICOS ES EXIGIR QUE SE DÉ CONTINUIDAD A LAS MEJORES POLÍTICAS PÚBLICAS, VENGAN DE QUIEN VENGAN.

“Shhhhhhh, ni lo digas”, me han advertido como si el verbo lo hiciera Presidente. Sólo alguien con un pensamiento mágico muy activo podría afirmar que, con sólo invocarlo, este mítico, incansable y resurrecto personaje podría ocupar la silla presidencial. Curiosamente, el pensamiento mágico es frecuente en personas que tienen esquemas de pensamiento, o muy primitivos, o en estado de psicosis. En otras palabras, cuando el juicio falla o falta, los seres humanos atribuimos sucesos a designios inescrutables. La victoria de AMLO, si ésta ocurre, tendrá una explicación lógica, por alarmante que sea para algunos o jubilosa para otros.
Como sea, más que augurios lo que haremos aquí es un ejercicio de imaginación catastrófica, en la inteligencia de que el ascenso de AMLO podría suspender, detener e incluso revertir la implementación de la Reforma Energética. Y aclaro: su ascenso podría corresponder a un imaginario apocalíptico solo para aquellos que, en primer lugar, creen (con cierto conocimiento de causa) que los mercados son el sistema más rescatable; que Pemex y la CFE tendrían que haber mejorado con la reforma (cosa que no ha sucedido); que una reforma debe “empoderar” al usuario (como tampoco ha sucedido aún) con la capacidad de elección entre proveedores de energéticos; y por último, en orden de ideas pero no en orden de importancia, garantizar nuestra seguridad y “sustentabilidad” energética, cosa que incluso ha decaído en términos de abasto. Si hacemos cuentas tristes, cada vez tenemos menos y dependemos más. ¿Es esto debido a la reforma? ¿O a que México está en un punto incómodo e incierto de su implementación?
La Reforma Energética tiene buena tracción, tal vez no todo terreno, pero puede jalar si está bien conducida. Pero el Gobierno de Peña supuso que se trataba de una carrera de un cuarto de milla en la que, con un solo arrancón, el sector llegaría de alfa a omega en tan solo seis años. El síndrome sexenal es y ha sido una de las causas principales de la mortandad de las políticas públicas. Cuando un partido se quiere arrogar todas las bondades de un cambio tan inmenso como fue el energético se corre el riesgo que a ese mismo partido se le atribuyan sus fallas. Y esa podría ser la ganancia política que le deje este gobierno a los opositores de la reforma; que los errores de un gobierno se atribuyan al nuevo modelo energético cuando éste ni siquiera ha terminado de salir del cascarón.
Lamentablemente, es fácil confundir a un partido con un gobierno; y más fácil aún, a una parte del gabinete con el gobierno. En general, y con la notoria excepción de Emilio Lozoya, y otros demonios, los funcionarios del sector energético de este gobierno han sido comprometidos, honestos y sumamente trabajadores. Si han cometido errores es por la impulsividad y prisa de quien o quienes mandan en el espacio sideral, sea quien sea. A estas alturas ya no se sabe si es uno o varios, si está en Hacienda, Gobernación o empuña el tridente en el inframundo. El liderazgo de este gobierno es tan opaco como transparentes han sido las voluntades de muchos funcionarios del sector energético.
El PRI, en su conjunto, le ha dejado un sabor muy amargo a su magna opera. Cada vez que cae un político podrido del árbol tricolor, alguien como AMLO, o cualquiera que dice oponerse a la reforma (porque hasta le fecha no han hecho otra cosa que hablar) capitaliza del hecho de quien la promovió. ¡Qué lástima que esta apertura se confunda con algunos de quienes la impulsaron! Y si el voto popular rechaza al PRI (como es probable) y el PAN, que no ha brillado por su audacia, ni tampoco por su probidad, se queda en la banca, tendremos que vivir con lo que sigue. Solo así sabremos si estaremos mejor con López Obrador.
¿Es el Peje un enemigo natural de los empresarios mexicanos? Negativo. Algunos incluso presumen ser sus aliados y amigos. ¿Son Andrés Manuel y muchos empresarios amigos de los mercados? Dudosamente. El círculo cerrado de empresarios y políticos ha sido un enemigo de la apertura, de la competencia. México para los cuates.
Entonces, si la industria ya ha estado por largo tiempo en las manos de los cuates del PRI, otro rato entre las patas del PAN, ya solo falta ver lo que le depara en los puños de la “izquierda,” cuyo plan energético es ininteligible. Se habla de un retorno en plenitud del Estado-empresario pero no plantean números –cuentas– viables. Se ufanan al anunciar que van a rescindir contratos como si eso no nos pusiera en una situación de vulnerabilidad internacional. Claman que van a construir refinerías, ductos, terminales, fomentarán las energías renovables y otros castillos en el aire –todo con el erario público. Van a crear centros de investigación, cátedras, sacarán al pueblo de la sumisión e ignorancia, así como expulsarán a los extranjeros. Al menos en ese sentido el morenazo de Tabasco se parece al güerejo de Nueva York.
México cursa una transformación energética que apenas comienza, con algunos tropiezos y otras caídas graves. Si bien la entrada de los mercados no va en mal paso, sí preocupa mucho el futuro del patrimonio público. No se ve ruta de crecimiento para Pemex ni para la CFE, ni para la derecha ni para la izquierda. Y si su dominancia es un riesgo para la creación de una nueva industria, también es un peligro para ella que se desmoronen. Aquí ningún partido ha planteado un remedio para sus males, tan complejos, diversos y engañosos. Es muy difícil discernir la maldad, de la estupidez y de la incompetencia en la gestión de estas irónicamente llamadas “Empresas Productivas del Estado.”
Nadie puede vaticinar realmente lo que sucederá en las urnas en el 2018. Ya vivimos un “vamos a ganar” y no fue así. Sea como fuere, la única forma de ganarle el país a los partidos políticos es exigir que se dé continuidad a las mejores políticas públicas, vengan de quien vengan.

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SOBRE EL AUTOR:

Notas del inframundo

Es criatura del inframundo, donde escribe libros y artículos sobre el sector energético, y además es consultora de empresas energéticas chicas, medianas y gigantes, públicas y privadas. De igual forma es académica asociada del Centro México del James Baker III de Rice University, y profesora externa del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). El tiempo que le queda libre, si le es posible, anda con sus perras y a caballo.

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